Debido a la concentración de edificios y tránsito vehicular, la vida en nuestras ciudades se ha vuelto insana. Los autos y la calefacción consumen el escaso oxígeno de hoy día y producen sustancias nocivas en abundancia. Enormes superficies de hormigón y asfalto llevan a un sobrecalentamiento de la atmósfera de las zonas urbanas.
Techos y fachadas verdes, podrían mejorar decididamente el clima polucionado de las ciudades: el aire se purificaría, y las variaciones de temperatura y porcentajes de humedad disminuirían. Para lograr un clima urbano saludable, probablemente sería suficiente con agregar techos vivos entre un 10 y un 20% de todas las superficies techadas de la ciudad, ya que un techo de césped sin podar tiene en promedio de 5 a 10 veces más de superficie de hojas que la misma área en un parque abierto.
El interés creciente por una conciencia mas verde y ecológica, junto a la necesidad de una solución económica, han ofrecido el trampolín ideal para el éxito de los techos vivos. La urbanización galopante plantea numerosas cuestiones para las cuales las cubiertas ecológicas podrían ofrecer una solución muy interesante.
Diferentes gobiernos nacionales (Bélgica, Alemania, etc) o regionales han tomado medidas que incentivan la instalación de cubiertas ecológicas (subsidios, tasas,…)
La Ciudad Autonoma de Buenos Aires adoptará la tendencia mundial que comenzó con la movida ecológica en los años 60: desarrollará terrazas verdes ( green roofs) para combatir la isla de calor que generan los edificios y para colaborar en la lucha contra el cambio climático.
Las primeras iniciativas estarán en edificios públicos porteños. En rigor, en uno de ellos, donde funciona el Centro de Gestión y Participación Comunal (CGPC) N° 2, en José E. Uriburu 1022, Recoleta; ya se ha implementado esta modalidad.
Por otro lado se presento un proyecto de ley, que obtuvo dictamen favorable eh la Comisión de Planeamiento Urbano, que promueve beneficios impositivos a edificios con cubiertas ecológicas o tecnologías sustentables.